El día que monté una pared de recuerdos en mi cuarto, jamás pensé que me serviría para romperla hoy. Jamás pensé tanta satisfacción al tirar la entrada de teatro en la sala Zero a la obra London Don.
Jamás pensé que me gustaría tanto quitar esas fotos de Roma. Jamás sentí tanto placer al quitar todas las fotos mías con Piqué... y mira que me gustaba poner la cara de este sobre quien ya no quería que saliera a mi lado.
Y jamás pensé que lloraría. Por lo menos no de esta forma. Apagando el móvil para no saber nada de nadie. Olvidando un poco el mundo.
No se si soy solo yo consciente, pero la mitad de las personas de esa pared ni si quiera se dónde viven ahora.
Y mira Audrey, tan diva como siempre me está mirando con el cigarro en la mano. Ojalá yo fuera tan imponente como ella. Ojalá recuperar mi libro de desayuno con diamantes...
- ¡Oh Audrey! Creo que ya no soy como Holly. Aunque haya destruido la pared de mi cuarto... aunque siga soñando con cantar en la ventana y tintar mi pelo de rubio. Ya no soy ella nunca más.
Será que al igual que en la película, ahora Holly se quiere ir con Paul.
Maldito sea este Varjak, que tiene siempre razón. Y mira que es una mala costumbre.
- So... ¿Y ahora? ¿Quieres borrar tus memorias?
- De momento una parte ya están arrugadas en la basura.
Será que ya no soy esa. Ya no cuelgo fotos con cariño en la pared. Pero sigo llorando como la niña que no quiero ser.
Sigo siendo ella, y a la vez no. He dejado tanto atrás que muchas veces olvido que yo era Holly.
Y quizás haya una parte de ella que nunca se vaya.
Aunque hoy, he dado un paso para tirar un poco de lo que soy, para borrar esta maldita costumbre de no olvidar, de querer saberlo todo.
Cuando en el fondo no se ni la mitad.
Sigo queriendo un desayuno con diamantes... pero tengo que dejar de ser tan Holly, si no quiero quedarme tan sola como ella.