Lo mismo llega el día en que quedamos para tomar un café, y recordamos lo bonito que fue querernos.
Lo mismo llega el día en el que deja de frustarnos la distancia y aceptamos las situaciones como vienen.
O lo mismo, que sé yo, no.
Lo mismo estamos hechos para fracasar, no en el amor, si no en el trato.
Lo mismo el cariño que nos une, comienza a cansarse de tantas niñerías... Lo mismo descubrimos que en esta vida, larga y dura, no vamos a ser capaces de hacer las cosas bien.
Por lo menos, tengo un pequeño consuelo. Y es que entre tanto que nos hacemos, hay cosas buenas que una aprende:
- El querer si ocupa lugar. Lo ocupa todo, y créeme, que a mi ya no me queda espacio.
- Hacer el amor, merece la pena. Sobretodo si se dicen te quiero dos corazones sin freno, y quinta marcha.
- Hay amores que si, que parece que se acaban, y lo mismo florecen o no, pero desde luego, nadie olvida esa primavera.
- Qué los mejores viajes, estuvieron a una hora. Y mereció la pena cada kilómetro. Por mucho que ahora nos pese darnos los buenos días.
- Qué los celos nos llevan de la mano. Si, a los dos.
- Y que la desconfianza no es buena compañera...
Qué si, que lo mismo hablamos mañana. Qué lo mismo de aquí a unos días nos comemos a besos... Y que si, qué después de los besos, llega la tormenta.
Que se nos da genial querernos y odiarnos.
Que se nos da genial querernos...
Emecé