Me gustaría ver como funciona mi cabeza. Debe ser interesante experimentar el momentos en que algo falla en mi cerebro y hace que me sienta confusa. No son más que instantes, amagos de lo que fue más serio hace mucho, pero no deja de ser interesante.
He llegado a olvidar con que mano escribo. He tenido que probar con las dos a ver cual me resultaba más cómoda... Y la verdad es que es gracioso. Siempre que me piden que de un número, temo alterar la cifras, y cuando leo en alto, cambio el orden de las palabras.
Nunca me he sentido diferente por ello, todo lo contrario. Lo he visto como una característica curiosa, un reto, una superación que gracias a mi familia no ha supuesto ningún handicap para mi.
No he pedido un trato especial, y tampoco me lo han dado.
La verdad, no cambiaría el modo en el que tengo de ver las cosas. La dislexia ha hecho que mi vida sea ciertamente cómica.
Que monotemática que soy, pero que quieres que te diga, adoro esta película. Adoro cada escena, cada movimiento de Holly, cada dialogo.
Y sin duda, adoro el final.
Siempre me sentí identificada con el personaje de Holly Golightly, me gustaba su forma de vida. Un apartamento en NY, conviviendo con un gato sin nombre, esa necesidad de sobrevivir en solitario. Yo solía ser así. Me gustaba esa filosofía.
“No soy Holly, ni siquiera Lula Mae, no sé quién soy. Soy como éste gato, somos un par de infelices sin nombre, no pertenecemos a nadie ni nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro.”
Pero Paul Varjak nos da una visión diferente: las personas nos pertenecemos las unas a las otras. No con ello es necesario meterse en una jaula. Solo quererse.
Pero esa jaula no es tanto una metáfora, es una jaula real. La seriedad encarcela, o por lo menos, yo así me siento, encarcelada.
No es que mi vida haya cambiado mucho. Ha cambiado muchísimo, y a día de hoy me encuentro en una interesante situación, liberada y feliz. Muy feliz.
Quizás he encontrado al Paul Varjak que hace que Holly o Lula Mae, que más da, tenga un final como el de la película.
La Holly del libro era aquella similar a mi, libre, alocada, que terminó marchando. Dejando a su "Fred" desesperado por volverla a ver. Esa quería ser yo.
Pero ahora ha entrado en mi vida un "Fred", quien parece ser como el de la película, capaz de retener a su lado, a un alma libre como Holly, o como yo, míralo desde el punto de vista que quieras.
De momento no estoy mirando a largo plazo (que me lo he planteado, para que mentir) pero no tengo intención alguna de desprenderme. Estoy feliz, como hacía meses y meses que no lo estaba, y me visto con esta sonrisa que me llena de vida. Y en parte es gracias a mi Fred.
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Un canción muy muy muy requeteque chula (quién sabrá por que) .
Últimamente no quepo en mi. Bueno, tampoco es que me sobre espacio, hay que tener en cuenta que no llego al 1.60 y me quedo en unos 49 kilos. Conclusión: Nunca he cabido en mi, pero lo cierto es estos días hay menos espacio, será que hay más cosas en mi cabeza, pero desde luego, estas cosas me están volviendo un poco más alegre de lo que ya por si soy.
Sonreír chicos, que no hay mal que por bien no venga (y tan bien).
No voy a mentir. He sido tremendamente feliz en un pasado, tan feliz que ni por un millón de vidas cambiaría eso. He llorado, he reído, me he pillado unos mosqueos que te vuelves loco. Mil sentimientos. Pero ahora que se que simplemente pasó y que existió de verdad, estoy feliz. No por ti, ni por tus nuevas actividades evidentes, por mi. Es como volver a nacer. Sentirse tan viva. Había olvidado lo que era eso. No estoy hablando de olvido si no hablo de superación.
Llevo tanto tiempo acostumbrada a estar en tu jaula que se me olvidó como era yo. Ahora si, he vuelto.