sábado, 24 de marzo de 2012

Paul Varjak

Siempre me sentí identificada con el personaje de Holly Golightly, me gustaba su forma de vida. Un apartamento en NY, conviviendo con un gato sin nombre, esa necesidad de sobrevivir en solitario. Yo solía ser así. Me gustaba esa filosofía.
“No soy Holly, ni siquiera Lula Mae, no sé quién soy. Soy como éste gato, somos un par de infelices sin nombre, no pertenecemos a nadie ni nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro.”
Pero Paul Varjak nos da una visión diferente: las personas nos pertenecemos las unas a las otras. No con ello es necesario meterse en una jaula. Solo quererse.

Pero esa jaula no es tanto una metáfora, es una jaula real. La seriedad encarcela, o por lo menos, yo así me siento, encarcelada.

No es que mi vida haya cambiado mucho. Ha cambiado muchísimo, y a día de hoy me encuentro en una interesante situación, liberada y feliz. Muy feliz.
Quizás he encontrado al Paul Varjak que hace que Holly o Lula Mae, que más da, tenga un final como el de la película.
La Holly del libro era aquella similar a mi, libre, alocada, que terminó marchando. Dejando a su "Fred" desesperado por volverla a ver. Esa quería ser yo.

Pero ahora ha entrado en mi vida un "Fred", quien parece ser como el de la película, capaz de retener a su lado, a un alma libre como Holly, o como yo, míralo desde el punto de vista que quieras.

De momento no estoy mirando a largo plazo (que me lo he planteado, para que mentir) pero no tengo intención alguna de desprenderme. Estoy feliz, como hacía meses y meses que no lo estaba, y me visto con esta sonrisa que me llena de vida. Y en parte es gracias a mi Fred.
m


Un canción muy muy muy requeteque chula (quién sabrá por que) .


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