lunes, 24 de febrero de 2014

¿Llorar es de valientes?

Yo soy de esas que rompen a llorar en un segundo. Y lloran lo que no está escrito. De las que se ahogan en los ataques de nervios, con los ojos hinchados. Y aún así, hay quien me ha dicho, que llorando estoy preciosa.

Que como Shakira, lloro una vez al mes. Y eso, como mínimo. Da igual el motivo, lo mismo es simplemente, que tengo ganas de llorar. Pero a fin de cuentas, ya me he creído que llorando estoy preciosa.

Pero no porque llore dejo de ser fuerte. Lo bueno que tenemos las personas como yo (si si, las que naufragamos por todo) es que de tanto llorar de golpe, pues una se queda sin ganas de seguir al poco rato. Y te das cuenta de que tú estas preciosa a todas horas, llorando, riendo, cantando y durmiendo. 

No hace mucho escuché, que el amor es para los valientes. Y es verdad, porque ya no es que se haga cuesta arriba, también cuesta abajo. Cuesta más que lo lunes, cuesta dinero, disgustos, dolores de cabeza. Y quita fuerzas, y para eso, hay que ser valiente. 
Hay que tener el coraje para mandar a la mierda los celos, las ganas de ahogar a la otra persona. De ignorar aquello que sabes que te duele, y que lo hace (porque lo hacen, créeme, lo hacen). 
Hay que ser valiente para enfrentarte a las miles de inseguridades, que tú no tenias, pero que el amor te causa. Valiente para borrar esas fotos que te mandan, en el peor momento. Para afondar que cuando más miedo se tiene en la vida, es cuando se estas enamorado.

Y supongo que eso es lo bueno de que se te gasten las lágrimas pronto. Que una deja de llorar rápido, para ser un poco más valiente. Que, porque no me salte los semáforos en rojo, no quiere decir que tenga miedo, es simplemente, que me guardo el valor para otras cosas.

m

jueves, 6 de febrero de 2014

Indestructible.

Recuerdo la primera vez que le vi. Su forma de sentarse.
No tenía nada de especial, no era nada particular. Simplemente un desconocido, uno muy guapo.

Recuerdo la primera conversación, y lo emocionada que estaba. Días y días de tardes hablando. La primera confesión, el miedo, el primer te quiero. Recuerdo un golpe con la realidad.

Recuerdo mucha distancia de por medio, 8 horas de vuelo y 7 de diferencia horaria. Y recuerdo llorar en la cama. Perder la esperanza. Perder el contacto. Pero mantener las ganas.

Recuerdo cuando volvió a mi vida. De estas veces que te lo ponen todo patas arriba. Y ahí estaba en la estación, abrazandome y tirando bien lejos, toda esa esperanza perdida.

Recuerdo el primer beso en la frente, que me mirase con la sonrisa a medias, que me abrazase por la espalda. Recuerdo besarle y te juro que fue el beso más grande que ha visto Sevilla.
Y mira que Sevilla ve cosas a lo largo del día. Pero créeme cuando te digo, que todavía se sorprende, cada vez que él, vuelve a estos dominios.

Que Sevilla pierde la cabeza cada vez que él sonríe. Que se vuelve de un color aun más especial, cuando él la nombra.
Que lo más bonito aquí, ya no es Triana. Que mientras él siga volviendo, no hay competencia que valga.

Recuerdo su primer te quiero, el de verdad. Recuerdo el primer te amo. No hay nada que olvide, lo juro.
Recuerdo las discursiones y las reconciliaciones. Los nervios de la noche antes de verle. Recuerdo su pelo.

Y hay algo que si que recuerdo, a todas horas además. Que me desvivo si hace falta, que me da la vida. Que le quiero como me quiero a mi misma. Que ya lo decía Vicente Aleixandre escribiendo la eternidad en ella, que ya no hay yo, ahora es nosotros.
Que 90km no pueden conmigo. Que pocas cosas pueden romperme, más que sus palabras.
Que le quiero, que me quiere. Nos queremos.

Que sólo con eso, soy indestructible.