lunes, 24 de febrero de 2014
¿Llorar es de valientes?
jueves, 6 de febrero de 2014
Indestructible.
Recuerdo la primera vez que le vi. Su forma de sentarse.
No tenía nada de especial, no era nada particular. Simplemente un desconocido, uno muy guapo.
Recuerdo la primera conversación, y lo emocionada que estaba. Días y días de tardes hablando. La primera confesión, el miedo, el primer te quiero. Recuerdo un golpe con la realidad.
Recuerdo mucha distancia de por medio, 8 horas de vuelo y 7 de diferencia horaria. Y recuerdo llorar en la cama. Perder la esperanza. Perder el contacto. Pero mantener las ganas.
Recuerdo cuando volvió a mi vida. De estas veces que te lo ponen todo patas arriba. Y ahí estaba en la estación, abrazandome y tirando bien lejos, toda esa esperanza perdida.
Recuerdo el primer beso en la frente, que me mirase con la sonrisa a medias, que me abrazase por la espalda. Recuerdo besarle y te juro que fue el beso más grande que ha visto Sevilla.
Y mira que Sevilla ve cosas a lo largo del día. Pero créeme cuando te digo, que todavía se sorprende, cada vez que él, vuelve a estos dominios.
Que Sevilla pierde la cabeza cada vez que él sonríe. Que se vuelve de un color aun más especial, cuando él la nombra.
Que lo más bonito aquí, ya no es Triana. Que mientras él siga volviendo, no hay competencia que valga.
Recuerdo su primer te quiero, el de verdad. Recuerdo el primer te amo. No hay nada que olvide, lo juro.
Recuerdo las discursiones y las reconciliaciones. Los nervios de la noche antes de verle. Recuerdo su pelo.
Y hay algo que si que recuerdo, a todas horas además. Que me desvivo si hace falta, que me da la vida. Que le quiero como me quiero a mi misma. Que ya lo decía Vicente Aleixandre escribiendo la eternidad en ella, que ya no hay yo, ahora es nosotros.
Que 90km no pueden conmigo. Que pocas cosas pueden romperme, más que sus palabras.
Que le quiero, que me quiere. Nos queremos.
Que sólo con eso, soy indestructible.