lunes, 12 de agosto de 2013

Eres.

Es injusto aquellas personas capaces de dormir sin deshacer la cama. De verdad, no me lo explico.
Ojalá pudiera yo hacer eso. Ojalá prescindir del tacto sábana, y conformarme con descansar sin más.

Hay muchas cosas injustas. Es más, una de ellas soy yo conmigo misma. Hay días que me olvido, y me dejo llevar, y vuelvo a donde no hace mucho dije que no lo haria.
No es justo que mi pulso se altere, que sonría mirando el móvil, que esté escribiendo esto por ti. No lo es.

Eres. Y parece que no vas a dejar de serlo. Porque si, porque estabas ahí cuando se me acababa el aire.
Eres y punto. Tu sonrisa, siempre a medias.
Y es un asco. De verdad que lo es. Porque tú lo sabes y yo lo se, que si, que eres tú.

Eres ese impulso, esa falta de ganas, eres mis sonrisas, y también mis ganas de reír. Eres cabezota, un incordio, un tirón en el cuello. Eres tú, tan de confianza y tan poco de fiar. Tan cerca y lejos. Parece que se quien eres, y a la vez, te desconozco.
Eres esas ganas de todo, menos de mi. Esa angustia en el pecho, y esas noches en vela. Y eres aquellas en las que me duermo y sonrio. Eres una causa pérdidas, y puede que una ilusión encontrada. Eres desagradable, impreciso, insoportable. Inmenso.
Eres tan grande que ya no quepo en mi. Que mis ganas sobrepasan barreras que fueron inquebrantables. Eres todos mis estados de ánimo. Todas las letras de esta entrada. Eres las fuerzas que pierdo, para volver a decírtelo.
Eres cada letra de esa frase. Cada sílaba que dije susurrando. Y cómo todo está cuesta arriba, resulta que esa soy yo.
¿Y cómo puede ser que hayas sido tantas cosas?

Que es verdad. Que de tanto que eras, no podías dejar de serlo de un día para otro.

Mc

jueves, 8 de agosto de 2013

El camisón rosa cortito. Si, el de ositos.

Todavía recuerdo cómo iba vestida. Tan sólo llevaba unas bragas de colores con una camisa de cuadros. Abierta. 
Caminaba descalza, sin apenas hacer ruido. Con cada movimiento dejaba ver un poco más la línea de su cuerpo. Insinuandolo todo y no enseñándome nada. Llevaba el pelo suelto y alborotado, como siempre, y bajo las gafas aún tenía los ojos pintados.

No dejaba de poner esa cara tan suya. ¿Cómo podía estar tan guapa enfadada? Simplemente andaba de un lado para otro, sin hablar. 

Se quitó la camisa con tanta facilidad y delicadeza que parecía un poema, y fue a los cajones para coger aquel camisón, el que tanto me gusta, el rosa cortito, con dibujos de osos.

¿Cómo una prenda puede quedar tan bien en un cuerpo? Parecía imposible verla más guapa, pero con cada paso que daba, se volvía brillante con ese ceño fruncido, que por bandera llevaba.
El camisón le hacía una niña. Hasta que el tirante se le caía del hombro. Sólo una mujer, podía ser tan sexy con un camisón de ositos.

Se tumbó en su lado de la cama, susurró un «buenas noches, capullo» a la vez que me daba la espalda. 
Al menos no me había mandado a la mierda, o lo que es peor, al sofá.

Sabía que estaba enfadada, y que llevaba ese camisón adrede. Sabía que me quería. Y ella sabía que la quería. Pero lo que nunca le dije era lo bien que le sentaba esa cara de enfado, o los andares reales que hacía con el camisón de ositos.

Respiré hondo, y le susurré también «buenas noches, cruela» 
Noté su sonrisa, y ella la mía. Le di la espalda también, y nos dormimos sin más.

Recuerdo esa noche. Y recuerdo tanto, lo mucho que la quería.

jueves, 1 de agosto de 2013

Salir del armario.

De niña me gustaba meterme en el armario para que me buscasen por mi casa. Con el paso de los años una ve como el armario es buen escondite.

Ahora entro cuando lloro. La gente no busca lloronas en los armarios, y mientras yo, entre la oscuridad y el olor a mi misma, me relajo y dejo de llorar.

Lo malo es salir. Ningún día me había costado tanto como hoy.

Las líneas de tu pelo.

¿Habrá escrito alguien de mi?
Bajo todo texto, suele haber alguien. ¿Nunca te has preguntado si estás tú en alguno?
Ojalá una máquina que te diga cuando has sido musa de las palabras. Ojalá un sexto sentido que te lleve a las líneas que en su día, pensaban en ti.