Es injusto aquellas personas capaces de dormir sin deshacer la cama. De verdad, no me lo explico.
Ojalá pudiera yo hacer eso. Ojalá prescindir del tacto sábana, y conformarme con descansar sin más.
Hay muchas cosas injustas. Es más, una de ellas soy yo conmigo misma. Hay días que me olvido, y me dejo llevar, y vuelvo a donde no hace mucho dije que no lo haria.
No es justo que mi pulso se altere, que sonría mirando el móvil, que esté escribiendo esto por ti. No lo es.
Eres. Y parece que no vas a dejar de serlo. Porque si, porque estabas ahí cuando se me acababa el aire.
Eres y punto. Tu sonrisa, siempre a medias.
Y es un asco. De verdad que lo es. Porque tú lo sabes y yo lo se, que si, que eres tú.
Eres ese impulso, esa falta de ganas, eres mis sonrisas, y también mis ganas de reír. Eres cabezota, un incordio, un tirón en el cuello. Eres tú, tan de confianza y tan poco de fiar. Tan cerca y lejos. Parece que se quien eres, y a la vez, te desconozco.
Eres esas ganas de todo, menos de mi. Esa angustia en el pecho, y esas noches en vela. Y eres aquellas en las que me duermo y sonrio. Eres una causa pérdidas, y puede que una ilusión encontrada. Eres desagradable, impreciso, insoportable. Inmenso.
Eres tan grande que ya no quepo en mi. Que mis ganas sobrepasan barreras que fueron inquebrantables. Eres todos mis estados de ánimo. Todas las letras de esta entrada. Eres las fuerzas que pierdo, para volver a decírtelo.
Eres cada letra de esa frase. Cada sílaba que dije susurrando. Y cómo todo está cuesta arriba, resulta que esa soy yo.
¿Y cómo puede ser que hayas sido tantas cosas?
Que es verdad. Que de tanto que eras, no podías dejar de serlo de un día para otro.
Mc