No quiero aparentar felicidad, así que simplemente me quedaré en mi cuarto, esperando que todo pasé, que pasé la tormenta.
Siempre soluciono mis problemas ignorándolos, cerrando los ojos y fingiendo que no existen. Escondo mi estado de ánimo tras una bonita sonrisa y unos ojos maquillados, pero sin exceso, ya que si una lágrima se escapa, la pintura se mezclará con los fluidos, y correrá a través de mi rostro, dejando rastro alguno de mi tristeza, de mi dolor del momento.
Cuanto duele un grito, aun que no vaya dirigido a mi, aun que vaya dirigido a un teléfono, aunque ni siquiera yo esté en la linea. Cuanto duele ver sufrir a quienes quieres, cuanto duele ver sufrir a alguien que siempre lo ha dado todo por ti, y mas cuando estas pasando por un momento en dónde nadie hace nada por ti.
Cuanto duele que lo pases mal, mientras yo permanezco encerrada en mi habitación, intentando no escuchar tus gritos.

