Yo soy de esas que rompen a llorar en un segundo. Y lloran lo que no está escrito. De las que se ahogan en los ataques de nervios, con los ojos hinchados. Y aún así, hay quien me ha dicho, que llorando estoy preciosa.
Que como Shakira, lloro una vez al mes. Y eso, como mínimo. Da igual el motivo, lo mismo es simplemente, que tengo ganas de llorar. Pero a fin de cuentas, ya me he creído que llorando estoy preciosa.
Pero no porque llore dejo de ser fuerte. Lo bueno que tenemos las personas como yo (si si, las que naufragamos por todo) es que de tanto llorar de golpe, pues una se queda sin ganas de seguir al poco rato. Y te das cuenta de que tú estas preciosa a todas horas, llorando, riendo, cantando y durmiendo.
No hace mucho escuché, que el amor es para los valientes. Y es verdad, porque ya no es que se haga cuesta arriba, también cuesta abajo. Cuesta más que lo lunes, cuesta dinero, disgustos, dolores de cabeza. Y quita fuerzas, y para eso, hay que ser valiente.
Hay que tener el coraje para mandar a la mierda los celos, las ganas de ahogar a la otra persona. De ignorar aquello que sabes que te duele, y que lo hace (porque lo hacen, créeme, lo hacen).
Hay que ser valiente para enfrentarte a las miles de inseguridades, que tú no tenias, pero que el amor te causa. Valiente para borrar esas fotos que te mandan, en el peor momento. Para afondar que cuando más miedo se tiene en la vida, es cuando se estas enamorado.
Y supongo que eso es lo bueno de que se te gasten las lágrimas pronto. Que una deja de llorar rápido, para ser un poco más valiente. Que, porque no me salte los semáforos en rojo, no quiere decir que tenga miedo, es simplemente, que me guardo el valor para otras cosas.
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