Será que por mucho que quisiéramos luchar contra este fenómeno, es inevitable. Porque todo es pasajero en la vida, menos el cambio. Es un compañero de viaje que no nos abandona.
Incluso yo misma he cambiado dejando de lado esos miedos. Los miedos al cambio.
Y está sonando de fondo el tictac de el reloj que siempre llevo en la cabeza. El tiempo se agota, y no quiero pararme más. Hay tantas personas que vienen, que corren a tu lado, como aquellos pasajeros del cambio, para volver a irse de tu tiempo.
Y ya es rutinario el proceso. Pero intrigante a su vez. No todo el que se va vuelve, ni mucho menos quien vuelve es para quedarse. Con excepciones.
Todos tenemos nuestra excepción, ese alguien que llegó un día y siempre sabe cuando agarrarte la mano. Siempre se va todos los invitados de la fiesta, pero el que se queda a limpiar contigo, sabes que es tu excepción.
Apartamos a las personas de nuestra vida porque el cambio está implícito. No porque estas no merezcan la pena, si no porque nuestras inquietudes cambian. Y yo ya se las de quienes han cambiado, y las de quienes no.
Y ya dejo de ser tan redundante, que me están entrando ganas de vomitar al leerme.
MC.
No hay comentarios:
Publicar un comentario