El amor que somos no lo ha vivido nadie. Ni si quiera nosotros supimos de él.
Llegó como todas las cosas que tienen muy poco sentido. Y perdóname por citar a Sabina, que ya se que no te gusta.
El amor que somos es difícil de escribir. Es difícil de contar, de plasmar.
No sabria decir con palabras, la de versos que quiero escribirte cada día.
Porque siempre he creido, que amores que matan son escritos.
Aunque tú a mi solo me matas por echarte de menos en mi cama. Me matas en la tuya con cada pettite mort. Me matas de ganas de gritarle al mundo entero que te podria matar a besos, de lo mucho que te quiero.
Que cualquier día caminando en pleno centro, quiero pararme en seco y gritar: Carlos, te amo. ¡Te amo!
Que lo sepa el mundo entero. Que lo mismo que me matas, me das la vida.
Que no es que seas tú, es que eres todo.
Que las camisas te sientan mejor que a mi misma una sonrisa.
El destaparte por las noches es envidia por la sábana, que te toca más de lo que yo podría.
Y qué se pare el mundo para que tú duermas bien.
Si hace falta, yo lo paro a tus pies.
Maldito seas. De verdad. Odio ser tan vulnerable hacia ti.
Estoy desnuda en frente tuya. Has visto todo lo que hay, y me sigues dando la mano por la calle.
Yo te doy la vida, pero no dejes de darme tú la mano. Por favor.
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