- Seria bueno que viajáramos juntos, yo
como médico y tu como lingüista – propuso Alexander.
- Eso será cuando nos casemos –
replicó Nadia.
La frase quedó colgada en el aire, tan
visible como una bandera. Alexander sintió que la sangre le
hormigueaba en el cuerpo y el corazón le daba bandazos en el pecho.
Estaba tan sorprendido, que no puedo responder. ¿Cómo no se le
ocurrió esa idea a él? (...)
- ¡Qué idiota soy! - exclamó.
- ¿Qué quieres decir con eso?¿Que
no nos vamos a casar?
- Yo... - balbuceó Alexander.
- Mira, Jaguar, no sabemos si vamos
a salir vivos de este bosque. Como tal vez no nos quede mucho
tiempo, hablemos con el corazón – propuso ella seriamente.
- ¡Por supuesto que nos casaremos ,
Águila! No hay la menor duda – replicó él, con las orejas
ardientes.
- Bueno, faltan varios años para
eso – dijo ella, encogiéndose de hombros.
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