domingo, 27 de noviembre de 2011

Un café con vaso de cartón.



No siempre llega la paz a los corazones.

Estoy pensando en escribir un relato, idea que he tenido cientos de veces, bocetos que he comenzado también otras cientos, pero al final todo se quede en proyectos a largo plazo, como cuando quería comprar 12 kilos de arcilla por tres euros para hacer una escultura de un Budda.
Al final todo se resuelve a proyectos, miles y miles de proyectos que desearía con todas mis fuerzas hacer, pero que nunca hago.
Proyecto que me traigan paz al alma, poder hacer miles de cosas que querría hacer. Apuntarme a Yoga, pintar mis paredes del cuarto del pueblo, hacer un  cuadro con una menina al estilo picasso, teñirme el pelo, incluso cortármelo,  volver a ponerme mi rasta, re-decorar mi cuarto, hacerme un vestido.... mil y una tonterías que me traerían paz al alma.

Quiero comprarme un paraguas amarillo y un chubasquero a juego, y salir una tarde lluviosa para andar sin rumbo. Poder sentarme a ver la gente pasar con un café en vaso de cartón. Simplemente ver las cosas desde una perspectiva que no requiera pensar, solo estar en materia, y perderme en mi mente. Quiero dejar de pensar por un día y volar en mi nebulosa para decidir que rumbo tomar.
Volar en solitario,  perderme.
Olvidarme de las cientos de teorías que me rondan la cabeza
y plantear un sistema, aparentemente lógico.

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