Es como si de tanto absorber ya no nos quedase nada, es como si hubiéramos agotado el tiempo. Se consume ante nuestros ojos y nadie quiere aceptarlo.
Da miedo, por supuesto que lo da. Un miedo aterrador, porque sabes que todo puede cambiar de la noche a la mañana, es destruir la normalidad que nos acoge, esa cómoda normalidad. Porque toda revolución siempre es un lastre al principio y en todos los casos, siempre sale una parte perdiendo.
No hay que hablar de buenos o malos.
Simplemente, de valientes.

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