Bueno bueno bueno. Son días difíciles. Yo me empeño en decir siempre lo mismo a todo el mundo, y un 70% de las veces que afirmo estar bien es cierto. Pero no siempre se puede tener el animo por las nubes.
En la ultima semana me han pasado cosas muy curiosas. He retomado amistades, otras está visto que no tienen retorno. He rechazado a vecinos impertinentes que no aceptan un no por respuesta y he decidido que no soy capaz de terminarme el maldito libro de 150 páginas que me estaba leyendo.
He comenzado a pintar un cuadro, pero no tengo claro como acabarlo. Hay un sin fin de planes en mi cabeza, objetivos que crecen solos mientras los ejercicios de marketing se ríen de mi desde el escritorio. No me centro, soy incapaz...
He vuelto a caer en aquello que hace un año prometí no volver. Y lo acepto, lo he hecho por despecho, con cierto miedo, pero lo he hecho. Y esta vez no caí redonda al suelo, es más, me divertí. Pero no entraba en mis planes, Es una forma de atacar con poco argumento.
También me he sacado el carnet. Supongo que ahora tengo la capacidad de tirar el coche al rió sin que en el trayecto de ida me pare la policía alegando que no poseo carnet. Pero ¿para que sirve engañarse? si eso también podía hacerlo con el coche de la autoescuela. Supongo que apreciaba al profesor más de lo que pensaba.
Odio a la humanidad, odio que me digas como debo de sentirme, que debo hacer, o como son las cosas para ellos. Odio que se compadezcan. Nadie necesita su compasión.
Mis problemas no se solucionan con una botella de vodka, pero si a la botella la acompañamos con amigos, quizás recuerdo lo que era un fiesta de las buenas. No creo que sea lo que realmente quiero. Pero ya después de eso me encargaré de decidir si quiero o no solucionar mi vida.
Hay veces que es mas fácil quedarse en la cama pensando, sin hacer nada. Pero eso debe ser temporal, solo trae odio a la mente. Y precisamente odio, no es lo que quiero. Yo busco la paz interior, la superación. Una filosofía del sentido. La sabiduría.
No me alegran los acontecimientos, pero todo hecho conlleva un final, y así es como sabemos que fue real. Los finales hacen que podamos decir que hemos visto una película de verdad, porque no tiene ningún sentido verla a medias.
El límite da sentido, da realidad, lo hace humano. Y todo, absolutamente todo, tiene un final implícito.
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