domingo, 20 de octubre de 2013

Empezó mi Guerra Fría.

Si en un mismo día recibes dos invitaciones distintas para ir al cine, y al final, acabas en tu cuarto con la mirada perdida, lo mismo es que algo estás haciendo mal.

Ordenando la estantería, he visto dos libros "juntos". O más bien, obligados a permanecer unidos, puede que por mi subconciente, o por el mero azar.
El arte de la Guerra de Sun Tzu; y El arte de amar, de Erich Fromm. Si encima os digo, que momentos antes de semejante hallazgo, estaba escuchando Canción de Guerra de Supersubmarina, pensaréis que es demasiada casualidad, pero cada uno es libre de creerse lo que escribo.

El arte de amar luchando.
Yo creo que todo esto es una metáfora del sufrimiento de querer a alguien, más, no hablo de querer en sentido romántico.
Si abrimos las páginas de Fromm, vemos cómo él diferencia tipos de amor, el de un amigos, el de una madre, o el que a todos nos viene a la mente, el amor romántico.
Yo, para ser sincera, ni siquiera se si hablo de amor. Bueno, si lo sé, y no. No estoy hablando de amor.
Hablo de posesión, del querer en el más sentido estricto de la palabra. Querer a alguien para ti.
Si leemos a Tzu, su dinámica trata de la estrategia militar, de cómo obtener la victoria mediante determinadas técnicas.

Oye, que lo mismo acabo de descubrir al formula matemática para que todos obtengamos a la persona que queremos poseer, para terminar amandola o jodiendole la vida...
Ni yo misma me explico cómo puedo ser tan banal, y decir tantísimas sandeces juntas.

Realmente, lo único que se, y es basado en la experiencia, es que el amor, es una guerra. Y no porque presuma de haber amado mucho, si no porque en tardes como estas, descubres que a quienes quieres (Ya sea como posesión, romanticismo o cualquier derivado) son a quienes les das el poder de hacerte daño.

Y es cierto que este daño no es el de una metralla, pero, joder... No veas cómo pica.

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