Es tarde. O temprano, dependiendo de ritmo de vida al que actues.
Debería dormir, olvidarme de todo. Simplemente cerrar los ojos y viajar en fase rem a cualquier oscuro rincón del subconciente. Pero ¿Quién rechaza un momento de inspiración, por muy tarde que sea?
De esto que estás abriendo la cama, y no hacen más que venirte a la mente, todas y cada una de las palabras que quieres decir. Toda la mierda que pasa por tu cabeza, un puto ciclón de frases y verborrea que siempre se queda en nada.
Y sé, a ciencia cierta, que mañana a las siete y media, me esperan. Sé que llegaré al bar, y habrá un chico que me mirará con ojos de admiración. Si, con los mismo ojos con los que me han mirado tantos desde que te conocí. Miradas que a mi, por incoherente que suene, me han resbalado.
Y no puedo mentir más. No me sale seguir así. Cada uno de aquellos que estuvo en mi cama, que besó mis labios y mordió los otros, no era más que un escape para olvidar tus ojos. Que a mi, tantas miradas ajenas, me saben vacías. Y resulta que si, que seguiré dejando que otros me coman el coño, para ocultar lo mucho que necesito, que tú me comas con los ojos.
Y no hay mayor explicación. Y se termina este inciso. Que sé, que llegaré al bar y veré a ese chico. Uno de tantos de los que uso para ocultar tu ausencia. Ese que utilizo para alimentar mi ego. El mismo que me mira con ganas de comerme la boca. Me mira y sonríe.
Y justo en ese momento entiendo la mierda que es todo. Entiendo que me mira con los mismos ojos que yo te miro a ti. Intuyo las ganas de verme y el movimiento intranquilo de su cabeza buscandome cuando estaba a la espera.
Y entonces, me paro. Simplemente me quedo quieta delante de aquel que me mira y sonríe. Quién se acerca para darme dos besos. Y yo me alejo. Y me siento como en una sala de espejos. Estoy viéndome a mi misma venir hacia mi, sonriente, ilusionada. Patética.
La verdad me viene. Me está subiendo por el pecho. Y el reloj da la hora, de decir todo aquello y de hacerle libre:
«No te acerques. A mi lado vas a quedarte sin escapatoria. No quiero ser para ti, lo que él es para mi. ¡Aléjate joder! ¿No te das cuenta? Ya estoy perdida, todo lo que me rodea es la mierda que creo en mi cabeza cada vez que le veo. No soy buena para ti, ni para nadie. Sólo para él. Mi estigma, el maldito fantasma que me persigue. Es cómo un cáncer en el alma, con metástasis en todos mis pensamientos. Estoy rota, estoy muy rota ¡joder! No intentes arreglarme... Que yo llevo demasiado tiempo invertido en mi autodestrucción, como para que ahora vengas tú, libre de pecados, a curar las heridas que tanto me duelen. Y el masoquismo aflora, porque me gusta, me encanta que me llame como un dueño a su perra, y voy, y duele, pero gusta. Gusta tanto. Que me tire del pelo, que me robe un beso, o que me mire y sonría. Duele, pero me da la vida. Vete ya.
Se que no eres malo, que quieres hacerme feliz. Hacer de mi cuerpo tu templo, para pasar las tardes de lluvia, con una manta a mi lado. Se que me darías tanto de lo que pido... Pero tienes que irte. Vete, que yo me quedo aquí, esperando a que algún día, sea él quien me pida que me vaya lejos. Te estoy liberando. Aprovecha. Que a mi ya me roban la vida y no quiero ser yo, quien te quite la tuya.»
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