domingo, 30 de marzo de 2014

Me gustan los frappuccinos de mango del Starbucks

Me gustan los frappuccinos de mango del Starbucks. La gente no lo entiende, pero supongo que no soy la única que los consume... si no, los retirarían del mercado. Y lo cierto es que me gustan mucho, pero hace tiempo que no me tomo uno.

Antes me gustaba pintar, me relajaba tanto mover los pinceles sobre el lienzo. Nunca fui muy buena, pero al menos mi cuarto lo puedo decorar como a mi me gusta. Debería volver a pintar.
Hace tiempo que no leo... me compré un libro hace poco. Y hasta hoy no me había tomado un respiro para leer algunas páginas. 
Yo siempre llevaba las uñas decoradas. Y daba igual si era invierno o verano, que a mi no me faltaba una pedicura... Llevo más de un mes sin ponerme color en las uñas...

Supongo que una deja de pensar en lo que le gusta, para dejar de ser poquito a poco. Dejé de ser yo hace tiempo, dejé de quererme, para repartir el amor como buenamente pude y quizás, en quien no merecía ese trato. También hubo quien lo merecía, quien se lo ganó a pulso. 
Demasiados recuerdos me vienen a la mente. Demasiadas cosas pasan en mi vida para llevar todo un domingo en la cama. ¿Pero quién sale a la calle con lluvia?

¿Sabéis? Creo que ya llegó mi turno. Creo que es hora de darme algo de tiempo a mi misma. Ahora solo quiero ser Mc, la de siempre. Alegre, loca, extrovertida. 
Lo bueno que tiene la soledad, es que cuando es una opción contemplada, llega a ser muy placentera. Y poquito a poco, voy a dar los pasos que necesito. Pero los voy a dar yo sola, con mis amigos, con mi madre, con mi familia, con María esta Semana Santa, con el club en unos días en Barcelona, con el Territorios y el AlRumbo con ellas. Pero sola.

Y llegará el día que me siente en las escaleras de la Catedral de la ciudad más bonita del mundo, a pleno sol, con un frappuccino de mango, las uñas bien pintadas, y un libro en mis manos.
Y ese día, quizás el camino vuelve a dejarse ser complementado, porque a día de hoy, no tiene sentido recorrer un camino en el que no me encuentro a mi misma. Y mucho menos, con nadie, porque iría solo.

Señor, dame paciencia, y sobre todo, tiempo. Que como bien sabéis, el tiempo todo lo cura y lo olvida. 

Emecé.


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