jueves, 25 de abril de 2013

Microcuento.

Holly se levantó confusa. No estaba segura ni de dónde estaba, solo recordaba un fuerte olor a ginebra. Las repentinas punzadas en su cabeza le hicieron darse cuenta de la resaca que tenia encima.
Volvió a taparse con el edredón dispuesta a olvidarse del mundo por un par de horas más, pero el teléfono tenía intenciones de hacer fracasar su plan. Más de una vez se había planteado tirarlo por la ventana, es más, tenía la teoría de que la vida sin móvil sería mucho mas placentera, pero a su vez, ella misma sabía que era incapaz de vivir sin semejante aparatejo. La demostración estaba en que no pudo evitar cogerlo de la mesa y atender a las exageradas vibraciones.

En instantes la resaca había desaparecido. Saltó de la cama y voló a la ducha, pasando por un espejo que le hizo ver la demarcación del día anterior a modo de exageradas manchas negras en su cara. El maquillaje no perdona una. 

No necesitaba más motivos para volver a funcionar. Ese mensaje le daba suficientes esperanzas para seguir adelante, aun sabiendo que el camino iba dirigido a un precipicio de alturas terroríficas. Ella era así, iba a aferrarse a ese clavo ardiendo. ¡Qué más daba que fuera un suicidio! por lo menos, a corto plazo seguiría viva. No necesitaba mayor motivo para respirar, solo ese. Él, quería verla.

Y vaya si se equivocaba Holly.
MC-


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