«Esta historia es demasiado sucia.»
La frase estaba en el aire. Todo era turbulento, oscuro, el vicio se notaba evidente. Demasiado obvio.
Soltó una bocanada de humo para cargar aun más el ambiente, y casi impasible, volvió a llevar el cigarro a sus labios.
«Esta historia es demasiado sucia.»
Una parte en su cabeza no se lo creía. No le parecía en absoluto factible. Pero cada vez que recordaba las palabras, cobraban quizá, algo más de sentido.
Nuevamente expulsó el humo a la vez que apagaba la colilla contra la mesa.
Ya todo daba igual. Era una historia sucia, si señor, pero no existía daño. ¿Por qué destruirla? Era irracional, baja, instintiva. De estas que sabes que serán apasionantes, que te absorben, y quieres más y más. ¡Necesitas más!
No importa si es demasiado sucia. A nadie le amarga un dulce... Así era su pensamiento, y así quería que fuera para todos.
No.
¿Acaso importó en Dirty dancing?
No todos lo caminos acaban en Roma, y no todo lo sucio, se vuelve oscuro.
Ya no le quedaba tabaco. Ya nada hacia ahi.
Se levantó, cerró la puerta y no volvió más.
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