lunes, 29 de julio de 2013

Quizá debería cortarme el pelo.

Quizás debería comprarme un diario. 
Uno de los de toda la vida, de papel, con su respectivo candado.
Quizás debería cortarme el pelo, o cambiar el tono del tinte. 
Quizás, quién sabes, debería perder la cabeza. Perderla de verdad.


La vida sin cabeza sería estupenda. 
Fuera migrañas, fuera excusas para no hacer el amor, o follar, cada uno a su gusto. 
La vida sin cabeza daría un sentido diferente a los besos. 
El DNI iría por huellas. Y ya no pensaríamos tanto.

Porque no tiene sentido pensar para nada. Cuando sabes que no hay arreglo. 
Pensamos lo mismo una y otra vez. Y luego me quejo cuando mi abuela me cuenta lo mismo a diario. 


Yo pienso en ti, pienso en mi, pienso en los días. 
Pienso en caminos que no llevan ni a Roma ni a ninguna parte.
Y entonces me surge una duda. Si, quizá debería comprarme un diario. O quizás, puede que sólo, necesite cortarme el pelo.
Quizás ya esté perdiendo la cabeza.
Quizás. 
Ojalá.

Quizás.

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