Quizás debería comprarme un diario.
Uno de los de toda la vida, de papel, con su respectivo candado.
Quizás debería cortarme el pelo, o cambiar el tono del tinte.
Quizás, quién sabes, debería perder la cabeza. Perderla de verdad.
La vida sin cabeza sería estupenda.
Fuera migrañas, fuera excusas para no hacer el amor, o follar, cada uno a su gusto.
La vida sin cabeza daría un sentido diferente a los besos.
El DNI iría por huellas. Y ya no pensaríamos tanto.
Porque no tiene sentido pensar para nada. Cuando sabes que no hay arreglo.
Pensamos lo mismo una y otra vez. Y luego me quejo cuando mi abuela me cuenta lo mismo a diario.
Yo pienso en ti, pienso en mi, pienso en los días.
Pienso en caminos que no llevan ni a Roma ni a ninguna parte.
Y entonces me surge una duda. Si, quizá debería comprarme un diario. O quizás, puede que sólo, necesite cortarme el pelo.
Quizás ya esté perdiendo la cabeza.
Quizás.
Ojalá.
Quizás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario