Y me arranco el esmalte de uñas con cada segundo de espera.
Se hace eterno.
El reloj avanza y yo sigo ahí. Inamovible.
Se hace eterno.
El reloj avanza y yo sigo ahí. Inamovible.
Soy incapaz de recordar cómo pasó. Ya nadie recuerda semejante historia en esta ciudad. Parece que todos olvidan, menos nosotros. La quemadura se hace eterna en el pecho.
Como a un paciente depresivo, nos cuesta respirar. Te has llevado esa parte que me hacía hermosa, y llorando, me he ahogado sola.
El reloj vuelve a sonar, y ya no queda pintura en mis manos. Tampoco en mis ojos. Se han encargado de borrar cualquier arreglo, si vuelves, sólo me verás a mí, vulnerable y extraña en tu mirada.
Supongo que la casa de ventanas azules no fue nunca suficientemente grande para nuestro ego. Olvidaste día tras día regar nuestro jardín trasero. Y yo, que tampoco fui inocente, tape cada uno de los espejos, para que nunca vieras qué tan bien nos sentaba estar juntos.
Lléname otra copa con olvido, que quiero sacar tanto daño. Ojalá sea cierto eso que dicen, que la vida a cada uno pone en su sitio. Y no te equivoques, que yo bien se que el tuyo, nunca estuvo en la casa.
Si, en la de las ventanas azules.
No hay comentarios:
Publicar un comentario