sábado, 29 de junio de 2013

29,8 kilómetros por segundo.

De estas noches en dónde te pesa el alma, o la pierna.... ¿¡Qué más da!?
Se supone que sabemos identificar a los amigos, es algo normal ¿no? ¡Joder! todos tenemos amigos.

Pero, cuando es de estas noches en dónde te pesa el alma, o la pierna, ¿Quién sabe? te paras a pensar en de quién es el hombro en el que quieres llorar.

Es ahí cuando me doy cuenta de que ni tengo hombro y ni tío en Alcalá siquiera.
La gente sigue con su vida. Yo no soy consciente en X momentos, pero es así. El mundo no se para porque yo quiera hablar de penas.

¿Sabéis a qué velocidad se mueve la Tierra? ¿Lo sabéis? Ni puta idea ¿Verdad? Desde luego puedo asegurarte que es más de lo que alcanza tú coche. Es más de lo que alcanza el mío.... Pero claro, eso no es difícil tampoco, no estoy en condiciones de conducir.

Toma una velocidad de vértigo, más o menos igual que mi sangre cada vez que me deslumbra un ápice de interés. Cualquier detalle, si en el fondo, me conformo con poco.
El corazón bombea fuerte, se me pone un tono rojizo en los mofletes. Me emociono ¡Joder! ¿Qué estoy haciendo?

Pero por si acabas de sufrir un pequeño infarto te diré, relaja. La emoción nunca dura. Estas cosas se van rápido... Concretamente en 18 minutos, por ejemplo. ¿Qué se yo?

En el fondo son mis prisas que traicionan. Será que me gusta la velocidad, y no me conformo con esos 29.8 kilómetros por segundo a los que vamos.

Miento. Esta noche quería, que se parase el mundo. Y que fuera nuestro. Habrá que conformarse con 18 minutos y una almohada que me abrace.

MC-

No hay comentarios:

Publicar un comentario